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El rastro perdido de las bailarinas de Degas - The lost trail of the Degas ballerinas

1970
1945
Connectas 23 March 2016


Una de las colecciones artísticas más importantes de América Latina está bajo el escrutinio de reclamantes de arte robado por los nazis, pues no se tiene certeza sobre lo sucedido durante 14 años con cinco de los bronces que tienen del artista francés Edgar Degas.

El 4 de junio de 1951, Harry Fischer, propietario de la prestigiosa Galería Marlborough, de Londres, le ofreció al Museo de Arte de São Paulo (MASP) “una de las colecciones más sensacionales del mercado del arte por muchos años”. Se trataba de 73 bronces del francés Edgar Degas. La negociación se concretó y las obras llegaron a Brasil en 1954. Así el MASP reafirmaba su posición entre los grandes museos, pues sólo el Metropolitan de Nueva York, el Museo de Orsay en París y la NY Carlsberg Glypotek de Copenhague, en Dinamarca, poseen una serie integral de esculturas del reconocido artista.

Pero hoy ese motivo de orgullo empieza a convertirse en un dolor de cabeza, pues cinco de los 73 bronces están en medio de una controversia en la que los descendientes del reconocido coleccionista judío alemán de la primera mitad del siglo XX, Alfred Flechtheim, aseguran que les pertenecen pues le fueron robados a su antepasado en pleno apogeo del nazismo.  Ver documento

Los principales argumentos que esgrimen es que en medio de la guerra los nazis se apropiaron de las esculturas. Es decir, no existe según ellos, ninguna prueba que demuestre que las obras se cedieron o vendieron de manera legal. Además, no se tiene registro sobre el poseedor de las obras en el periodo entre 1937 y 1951.

Por su parte, el MASP exhibe unos documentos que hablan de una transacción con la Galería Marlborough, con lo que certifican haber adquirido las obras de buena fe y por eso ser los legítimos propietarios de las piezas.


Visitantes del MASP observan la obra 'El matrimonio desigual', atribuida a la escuela del pintor flamenco Quentin Metsys (1466-1530) y que actualmente reclama como propia la familia de Oscar Wassermann, banquero judío alemán muerto en 1934 que tenía una importante colección de arte que habría sido robada por los nazis. Crédito: Tiago Queiroz / Estadão.

En el medio del debate hay dos interpretaciones legales. Está la expuesta por el abogado Pedro Mastrobuono, miembro de la Comisión del Derecho de las Artes, del Colegio de Abogados de Brasil, quien sostiene que los bronces del MASP están protegidos por la legislación brasilera. El abogado cita para ello, un artículo del Código Civil de Brasil (el 1261), según el cual la posesión de un bien por más de cinco años produce una acción de prescripción, lo que se considera un “remedio jurídico para dirimir cuestiones crónicas que se arrastran en el tiempo y sin solución”. Mastrobuono asegura que “ese remedio transforma la vida pasada de las obras; es como si la pieza muriese por ordenamiento jurídico y renaciese sin pasado”.

Con la adquisición de los bronces de Degas, el MASP reafirmó su posición entre los grandes museos del mundo en la década de 1950, junto con el Metropolitan de Nueva York, el Museo de Orsay en París y la NY Carlsberg Glypotek de Copenhague.

Pero también está la lectura que se deriva de la firma por parte de Brasil de los llamados Principios de Washington. Estos son un compromiso de cooperación para la búsqueda y devolución de los bienes artísticos confiscados y robados durante la Segunda Guerra Mundial, promovidos por la ONU y suscritos en 1999 por Brasil, junto con otros 43 países, en la llamada Conferencia de Washington. Además reafirman que en caso de haber un hallazgo de una pieza robada, se debe buscar una “solución justa” acordada con los herederos de los legítimos propietarios.

Juliana Siqueira de Sá, directora jurídica y de relaciones institucionales del MASP, justifica el procedimiento del museo y aseguró a esta investigación periodística que la institución recibió “solamente unas cartas” y ninguna notificación jurídica formal por parte de los representantes de Flechtheim. “Estamos superabiertos, pero que vengan con pruebas y con argumentos y la decisión será luego del poder judicial”, afirma la abogada.

Siqueira de Sá también añade: “Obviamente, lo que pasó en la guerra está por encima de todos nosotros y si se comprueba que una familia sufrió la confiscación de una obra de arte durante ese periodo, el peor que vivió la humanidad, el museo será el primero en devolverla”. Sin embargo, precisa: “Creo que el poder judicial brasilero nunca se ha pronunciado sobre si vale más la prescripción o un tratado internacional en un caso como este”.

El periodo oscuro

En los años 20, Alfred Flechtheim fue uno de los primeros en allanar el camino en Alemania para el movimiento cubista, entonces representado por Aristide Maillol, Georges Braque, Juan Gris y Pablo Picasso. Promovía por igual a artistas de renombre y a los que en ese momento todavía nadie conocía y nadie apoyaba, entre ellos Max Beckmann, George Grosz y Paul Klee. Entre 1919 y 1933, Flechtheim organizó cerca de 150 exposiciones, a lo largo de toda Europa.

De ahí que haya sido uno de los primeros “objetivos” de los nazis cuando llegaron al poder, pues no sólo era toda una institución, y muy respetada, en la República de Weimar, sino que representaba el arte moderno, que para Hitler y sus seguidores era ‘degenerado’, no servía para nada. El 11 de marzo de 1933, luego de que las autoridades interrumpieran de manera violenta una subasta que realizaba, Flechtheim decidió cerrar sus galerías en Berlín y Düsseldorf, pero la persecución no se detuvo sino todo lo contrario, por lo cual quebró y meses después se vio obligado a huir y exiliarse en Londres, donde finalmente murió, en 1937.

Según los descendientes de Flechtheim, fue precisamente por huir para salvar su vida que muchas de las obras de arte de su colección fueron robadas y comenzaron a cambiar de manos. Las cinco esculturas de Degas que aseguran pertenecían a su antepasado y hoy están en el MASP son: ‘Bailarina que se adelanta, con los brazos en alto y la pierna derecha recogida, primer tiempo’, ‘Bailarina descansando, con las manos en las caderas y la pierna derecha hacia delante’, ‘Mujer saliendo de la bañera (fragmento)’, ‘Mujer peinándose’ y ‘Bailarina, Gran Arabesco, segundo tiempo’.

 

Las directivas del MASP siempre han mantenido que las cinco bailarinas de Degas que reclaman los herederos de Alfred Flechtheim fueron adquiridas legalmente y de buena fe. Cortesía MASP

El rastro de todas ellas se pierde justo después de la muerte de Flechtheim y vuelve a aparecer en 1951, en una exposición en Londres, y luego en la Galería Marlborough, tras el fin de la guerra. Este es el periodo en discusión. Esta investigación periodística tuvo acceso a las fichas históricas en alemán de las cinco obras en controversia y también estuvo en los archivos del MASP, donde encontró cartas intercambiadas entre los propietarios de la Galería Marlborough, Harry Fischer y Frank Lloyd, y el primer director del MASP, el marchante y periodista italiano Pietro Maria Bardi, así como correspondencia dirigida al fundador del museo en 1947, el poderoso magnate Francisco de Assis Chateaubriand Bandeira de Melo; todos documentos que muestran la oferta, en 1951, de los bronces del artista francés y las negociaciones por el conjunto completo de 73 esculturas.  Ver documentos 1 y 2

A pesar de que existen muy pocos registros de la transacción, entre ellos algunos recibos de pago a plazos y un cheque sin fecha de Chateaubriand, las creaciones escultóricas de Degas están hoy definidas oficialmente como una donación de los empresarios brasileros Alberto José Alves, Alberto Alves hijo y Alcino Ribeiro de Lima. Esto se explica porque una de las estrategias del creador del MASP para formar la colección del museo, en las décadas de 1940 y 1950, era buscar donadores para adquirir las obras. “Adopté como mía una técnica de indiscutible eficiencia para reeducar a la burguesía: anunciar que el fin del mundo burgués estaba muy cerca, que sucumbiría a los ataques soviéticos”, habría dicho Chateaubriand, también dueño de Diarios Asociados, red pionera en Brasil de periódicos, estaciones de radio y canales de televisión.

“Chateaubriand, obsesionado con la idea de enriquecer el acervo del museo, inventó una fórmula que acabaría por transformar al MASP en el ‘desangre’ de Diarios Asociados: en vez de simplemente donar dinero para la compra de cuadros, los grandes empresarios pasaron a hacer contratos de publicidad con los periódicos, emisoras y revistas, cuyos recibos entraban formalmente en las arcas de la asociación de medios, aunque en realidad la plata era inmediatamente remitida a galeristas de Estados Unidos y, sobre todo, de Europa”, escribió el periodista brasilero Fernando Morais en la biografía del polémico fundador del MASP: ‘Chatô - O Rei do Brasil’ (1994).

En los documentos que hacen referencia a las piezas de Degas del MASP que están guardados en el museo, se leen los insistentes pedidos de los galeristas de Londres para el pago de las obras y las solicitudes de tarifas para la exportación de las mismas. De ahí la demora de la llegada de los bronces a Brasil, ocurrida finalmente en 1954.

En los archivos de la correspondencia intercambiada que se revisó no se habla del origen de las esculturas, aunque hay una carta del 12 de diciembre de 1951, en la que Lloyd le agradece a Chateaubriand la promesa de un primer pago por valor de 31 mil libras esterlinas y subraya que “necesita urgentemente el dinero para pagarle al cliente que le vendió los bronces de Degas”. Esa es la única mención de un tercero en las negociaciones en toda la información que conserva hoy el museo y que a la postre podría ser una de las piezas para comenzar a desenmarañar qué fue lo pasó con las bailarinas durante antes y durante la guerra.

Otro dato recurrente en la documentación es el de las cartas de museos extranjeros, fechadas en distintos periodos, que indagan sobre la procedencia de la serie de los bronces del MASP. “Las esculturas de Degas en São Paulo pertenecen a un conjunto. Todas fueron compradas en Londres en una exposición en la Galería Marlborough (7-22 de diciembre de 1951)”, escribió en 1970 Pietro Maria Bardi a Charles W. Millard, del Museo de Arte Fogg de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos. También pregunta por el origen de las piezas la conservadora del Museo de Orsay de París, Anne Pingeot, quien cruza correspondencia al comienzo de los años 90 con los directivos del museo brasilero.  Ver documento

 

El Museo de Arte de São Paulo alberga hoy la colección de arte más grande de América Latina, con cerca de 10 mil obras. Wikimedia Commons.La colección del MASP, la más grande de América Latina, con cerca de 10 mil obras -entre ellas pinturas de grandes maestros como Rafael, Mantegna, Ingres, Poussin, Manet, Van Gogh y Renoir- es considerada patrimonio nacional de Brasil desde que el Instituto de Patrimonio Histórico y Artístico Nacional ‘tumbó’ el acervo del museo, en 1969.

En el 2013, los abogados Markus Stötzel, de Marburgo, Alemania, y Mel Urbach de Nueva York, como representantes de los herederos de Flechtheim entraron en contacto con la institución brasilera y con la galería londinense para pedir información sobre la procedencia de las esculturas que en los años 20 y 30 del siglo XX hicieron parte de la importante colección del también crítico de arte. “Flechtheim fue uno de los primeros objetivos del terror nazista”, aseguró Urbach a esta investigación desde su oficina en Estados Unidos.

“Él tuvo que huir de su país por la persecución de los nazis y por eso perdió gran parte de su colección”, explicó. Como el marchante y su mujer, Betty, no tuvieron hijos, Flechtheim dejó sus bienes en manos de un sobrino, actualmente representado legalmente por su esposa y por su hijo.  Ver documento

“Las piezas de arte mencionadas en su carta fueron correctamente adquiridas por el MASP, de acuerdo con las disposiciones legales aplicables y con la debida documentación de las evidencias requeridas por la ley”, le respondió el museo brasilero a los abogados. En ese entonces, ya también la Galería Marlborough les había dicho que “desafortunadamente” no había encontrado “ninguna información relacionada con los bronces” en sus archivos, entre otras cosas por la cantidad de años que han pasado desde que ocurrieron los hechos por los que se indaga (la transacción con el museo) y porque las personas que podrían haber tenido algún dato sobre la historia de esos bronces ya fallecieron.

Al preguntarle sobre las evidencias que demostrarían que los cinco bronces de Degas del museo brasilero pertenecían a Flechtheim, el abogado Mel Urbach cita el catálogo de la exposición ‘Degas: El Universo de un Artista’, presentada en el MASP en el 2006:
“En la página 125 del libro se dice que dos de esos bronces que hoy hacen parte de la colección del MASP tienen los restos de la etiqueta de una importante galería alemana durante los años 20 y 30, que es la Galería Flechtheim”.

Urbach agrega que “en la página 126 del catálogo queda claro que sólo se puede sugerir que la Galería Marlborough pudo haber adquirido esas esculturas de Alfred Flechtheim, pero nuestra misión es encontrar la verdad y completar esa historia”. Para los abogados, completar la historia es conocer con exactitud qué fue lo que sucedió con las cinco esculturas del galerista judío alemán desde que murió, en 1937, hasta que aparecieron en Londres en 1951.

De hecho, según se lee en la ficha de las obras, que reposa en los archivos del MASP, en la base de otros dos bronces (‘Mujer saliendo de la bañera’ y ‘Mujer peinándose’) fueron identificados ya no los restos sino las etiquetas completas de la Galería Flechtheim. También hay una mención a la etiqueta de la galería de Flechtheim en ‘Mujer saliendo de la bañera’ en la tesis de doctorado ‘Degas Escultor: del proceso de fundición a la colección de bronces del Museo de Arte de São Paulo - MASP’, defendida en el año 2000 en la prestigiosa Universidad de São Paulo por la historiadora de arte brasilera Ana Gonçalves Magalhães.  Ver documento

Según esta especialista, “lo que la etiqueta comprueba es que en algún momento de la historia de la pieza esta pasó por la Galería Flechtheim o fue negociada o comercializada por el marchante” y “el resto sólo puede formularse como hipótesis y necesita de documentación para ser comprobado”. En su tesis, la historiadora explica que “Brasil hoy es el guardián y propietario de éste, que ciertamente es uno de los conjuntos más emblemáticos de la escultura moderna y testimonio de la obra de uno de los artistas más importantes del cambio del siglo XIX al siglo XX”, y lamenta la posibilidad de que el grupo de cinco esculturas pueda quedar incompleto, en caso de que se compruebe que fueron robadas o confiscadas a la familia Flechtheim.

De acuerdo con Gonçalves Magalhães, un fundidor de apellido Hébrard produjo originalmente 22 series del conjunto de esculturas de Degas para comercialización, entre 1919 y 1932. En ese sentido, es importante destacar que la característica del conjunto perteneciente al MASP es que los 73 bronces del museo brasilero no provienen de una única serie, en este caso, la marcada con la letra “S”. “No siempre el fundidor, el galerista alemán o los demás galeristas que comercializaron los bronces de Degas vendieron las series en su conjunto, muchas veces las piezas eran vendidas separadamente”, asegura la experta. Ver documento

‘Solución amigable’

"El litigio es, generalmente, la última opción posible y queremos tratar de evitarla, queremos que lo que pedimos sea resuelto sin la necesidad de llegar a los tribunales”, expresa Urbach. “Pensé que el museo colaboraría pero, desafortunadamente, no fue el caso”, comenta. Por su parte, la directora jurídica del MASP asegura que este “no puede actuar de forma temeraria a partir del recibimiento de una o dos cartas por correo”.

El caso de los bronces de Degas no es el único en el que se le solicita al MASP que devuelva obras que habrían sido confiscadas o robadas a sus legítimos propietarios durante el nazismo. Desde el 2008, por ejemplo, los herederos del banquero judío alemán Oscar Wassermann, muerto en 1934, han solicitado llegar a un acuerdo sobre el cuadro ‘El matrimonio desigual’ (1525-1530), atribuido a la escuela del pintor flamenco Quentin Metsys (1466-1530).

“Desafortunadamente, el MASP todavía no ha respondido ninguna de nuestras cartas”, afirma el abogado Henning Kahmann, de Berlín. “El Condephaat (Consejo de Defensa del Patrimonio Histórico, Arqueológico, Artístico y Turístico del estado de São Paulo) recomendó que pidiéramos la mediación del Concejo Internacional de Museos (ICOM, por sus siglas en inglés) en el caso, pero el ICOM se ha negado a actuar al respecto”.

Según la directora jurídica del MASP, desde el inicio de la década del 2000 el museo brasilero ha recibido solicitudes de cerca de cinco familias que dicen ser herederas de víctimas del nazismo y están relacionadas con bienes que habrían sido robados durante la Segunda Guerra. Aunque “para hacerse una idea”, dice, “una de las obras es solicitada por dos familias diferentes”.

La controversia está servida. El abogado Stötzel lo plantea de la siguiente manera: “Todo esto tiene que ver con el reconocimiento de lo que pasó, del sufrimiento de las víctimas de la persecución nazi, así que una solución justa puede significar muchísimo para los descendientes de las víctimas. El reconocimiento tiene que ver con que, en primera medida, el museo acepte que hoy es el actual propietario de unos objetos cuya procedencia está contaminada. Lo segundo es tener un diálogo sobre la solución, podría ser una ceremonia, que se ponga una placa al lado de esas esculturas en el MASP en la que se cuente su verdadera historia o una exposición especial, por ejemplo. Al final, esto no tiene que ver con dinero. Si luego hay una compensación o si el museo, de acuerdo con los Principios de Washington, está dispuesto a hacer lo correcto y devolver esas piezas a sus legítimos propietarios, seguro que ellos estarían muy agradecidos y eso sería reconocido en todo el mundo”. Ver video relacionado.

Por ahora lo único claro es que recién comienza abrirse un sano debate. En el caso de las obras robadas durante la Segunda Guerra Mundial, no se trata sólo de lo que estas pueden significar para el patrimonio de unos herederos, son parte de una verdad histórica que tiene que ver con la humanidad. Lo que se resuelva con las piezas del MASP, será sin duda un emblemático precedente.

http://connectas.org/arte-robado-por-los-nazis/el-rastro-perdido-de-las-bailarinas-de-degas.html
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